Mario Kempes: un “Matador” olvidado

Mario Kempes: un “Matador” olvidado

El campo de juego del Monumental era un hormiguero. Kempes ni siquiera podía acercarse al centro de la escena donde Daniel Passarella y Alberto Tarantini, dos de los pocos que habían quedado en andas de los hinchas, se pasaban entre ellos la Copa del Mundo. Y el Matador se quedó con las ganas.

“Recién pude tocar la Copa del Mundo en 1998 en una entrevista que me hizo la FIFA en la previa del Mundial de Francia. Habían llevado la Copa y se las pedí para sacarme una foto. En el ´78 no tuve chances. Ni siquiera la vi el día de la final. Todo era un caos impresionante, había gente por todos lados. Siempre le digo a mi familia que la primera copa que pude tocar fue una gigante de chocolate que me hicieron en Bell Ville al recibirme después del título”, contó.

Es una de las anécdotas plasmadas en su libro Memorias de uno de los delanteros más importantes que tuvo el fútbol argentino. Brilló afuera de nuestras fronteras. Es el gran olvidado?

Los brazos extendidos al cielo y una carrera elegante y poderosa era la manera distintiva de Mario Kempes para celebrar sus goles. La mayoría de ellos nacieron de una zurda magnífica que forjó una trayectoria de éxitos. Nada le sirvió para labrarse un retiro desahogado.

A los 42 años Kempes tuvo que regresar a la casa paterna en Bell Ville, desocupado y sin dinero. “Para seguir viviendo tengo que conseguir trabajo”, dijo Kempes por aquellos días cuando  abandonó la dirección técnica de un equipo albanés a consecuencia de las revueltas sociales en aquel país balcánico.

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Antes jugó en Austria, Chile e incluso Indonesia, donde fue entrenador-jugador. Pero toda esta experiencia futbolítisca no sirvió. Era un desocupado. “No tengo ni una camilla rodante para tirarme a dormir la siesta”, dijo.  La situación se debe según Mario, el padre del futbolista, a que su patrimonio “quedó en poder de su ex esposa”.

El Matador se separó en 1995 de la valenciana María Vicenta Moll, con la que tuvo tres hijos, después de 17 años y relaciones tumultuosas. No fue la única causa de las penurias de Kempes.

El resto de su fortuna estaba invertida en Argentina, bajo la administración de su padre, en un banco que quebró en 1990, y perdió sus ahorros. Los negocios privados: una escuela de fútbol en un pueblo cercano a Valencia y una tienda de ropa deportiva, tampoco tuvieron éxito.

El que fue uno de los mejores delanteros del mundo a finales de los setenta, mejoró su situación económica de la mano del periodismo. Trabaja desde el 2004 en la cadena norteamericana ESPN

Kempes hoy es el periodista estrella de la cadena ESPN. Vive en Conecticcus (EEUU).

La cadena reunió cuatro meses después del accidente del avión que transportaba al plantel del Chapecoense, a Amaro Gonçalves, padre de Everton Kempes, uno de los jugadores fallecidos en la tragedia, con Mario Alberto Kempes, ídolo de su juventud y por quien sus hijos llevan su apellido como segundo nombre.

Don Amaro le confesó al Matador porqué decidió nombrar a sus hijos como él: “El jugador argentino tiene mucha garra, y mi primer hijo nació el 22 de junio del 78, el día del partido con Perú, que tenían que ganar 5 a 0. Yo me dije a mi mismo que le colocaría al menos el apellido de quien sea el goleador de la Copa del Mundo”.

Finalmente el córdobes sería el goleador con seis tantos. A Everton y Cléber, sus siguientes descendientes, también les pondría el mismo apellido.

La única camiseta que se rescató tras el siniestro fue la número 33, que pertenecía a Everton. Amaro decidió que se la quedara su nieto, João Gabriel Kempes. El Matador decidió entregarle una que usó en el Mundial 78.

La nueva vida de Mario Kempes

A los 60 años  dejó de fumar y aprendió a cuidarse tras una grave operación de corazón. Aún recuerda aquel primer cigarrillo que se llevó a la boca. “Yo tenía 15 años. Podemos culpar a los camiones que tenía mi viejo. Hacíamos viajes larguísimos y los muchachos me lo hicieron probar. Como todo chico, caí en la tentación. Me agarraba una tos terrible”, recordó.

Ni siquiera le abandonó el humo en su carrera futbolística. Durante el Mundial de 1978, en el autobús camino del estadio, Kempes y Héctor Baley, el portero suplente de Fillol, se sentaban en la última fila y encendían un cigarrillo. El olor  llegaba hasta sus compañeros… y hasta el entrenador, César Luis Menotti, pero todos permitían el capricho de su goleador, pues este respondía luego en el área. “Eran mis cábalas”, dice.

Argentina ganó el Mundial, Kempes fue el máximo goleador y el tabaco siguió a su lado hasta que dejó el fútbol, a los 41 años. Hace dos años decidió someterse a unas pruebas para operarse de una cadera y el médico le dio la voz de alerta. El 80% de sus arterias estaban obstruidas y había sufrido un infarto de corazón. “Yo nunca me enteré que me estaba pasando. Cuando me abrieron, era más grave y complicado de lo que parecía”.

Del quirófano salió Kempes con seis by-pass y la promesa de no volver a fumar

Con la excepción de Diego Armando Maradona, nadie le dio tanto brillo a la selección Argentina como Mario Alberto Kempes. Se quedó con el Botín de Oro de la Copa Mundial de 1978 con seis goles. Participó en tres Copas del Mundo de FIFA (Alemania 1974, Argentina 1978 y España en 1982) con un total de 18 partidos.

Kempes también tuvo una trayectoria destacada con el Valencia en España donde obtuvo dos Copas de España, una Supercopa Europea y dos Copas de Campeones.

Brilló en el Valencia donde fue el Pichichi durante dos temporadas.